La fijación del gobierno de Nuevo León por el marketing político ha alcanzado un nuevo nivel de cuestionamiento ciudadano. En un acto que mezcla la propaganda electoral permanente con el evidente descuido de la infraestructura urbana, la administración estatal utilizó los restos de un paso peatonal destruido en la Avenida Constitución en Monterrey para colocar tótems naranjas con la figura del león, el logotipo emblema de la gestión emecista.
Esta estrategia de priorizar la apariencia sobre la sustancia no es nueva, pero colocar branding partidista sobre escombros resulta el vivo reflejo de una administración enfocada en la estética antes que en la utilidad real para los ciudadanos. A unos metros de la Torre Obispado, las estructuras de concreto que debían servir para resguardar la vida de los peatones ahora fungen simplemente como panorámicos gubernamentales. Mientras los recursos públicos se destinan a fierros pintados de naranja, las soluciones de movilidad urbana siguen quedando en el olvido, demostrando que la prioridad del Ejecutivo radica en colgar medallas visuales antes que resolver las crisis de fondo que flagelan a la entidad.
La historia del puente destruido y el aprovechamiento propagandístico
La estructura en cuestión tiene un historial de afectaciones que data de diciembre de 2020, cuando un vehículo de carga pesada con doble remolque impactó el puente peatonal, provocando daños estructurales severos. Debido al riesgo inminente de colapso, el municipio de Monterrey procedió al desmantelamiento de la sección transversal, dejando únicamente desamparadas cuatro columnas de concreto y las escaleras de acceso. Este paso era vital para los ciudadanos, ya que conectaba directamente con el andador de la estructura de la Virgen de Guadalupe en el río Santa Catarina.
En lugar de gestionar la reconstrucción del paso peatonal para garantizar la movilidad segura de los habitantes, el Gobierno del Estado optó por una salida cosmética: aprovechar las columnas huérfanas de concreto para empotrar sus distintivos tótems de identidad institucional. El uso de estos remanentes viales como estructuras publicitarias ha desatado duras críticas entre usuarios de redes sociales y especialistas en urbanismo, quienes acusan una completa desconexión entre las necesidades reales de la población y el excesivo gasto en imagen pública de la oficina del gobernador.
La “plaquitis” de Samuel García prioriza tótems naranjas
Esta acción no es un caso aislado. Desde el año 2024, la actual administración estatal ha desarrollado una tendencia bautizada por la opinión pública como “plaquitis”, una práctica consistente en colocar sellos, placas conmemorativas y logotipos gubernamentales con motivos del 200 aniversario de Nuevo León en cualquier rincón posible. El problema principal radica en que el mandatario estatal ha ordenado la instalación de estos tótems de identidad incluso en proyectos que se encuentran lejos de ser terminados o que permanecen detenidos por falta de presupuesto o problemas legales.
Un claro ejemplo de esta premura publicitaria se vive en los tramos 1 y 3 de la Carretera Interserrana, en los municipios de Montemorelos y Galeana. A pesar de ser tramos carreteros inconclusos y con retrasos evidentes, el sello naranja ya adorna el paisaje, anticipándose a los beneficios reales de la obra. La colocación de branding oficial en ruinas urbanas y proyectos a medias evidencia que para el aparato estatal, la percepción del éxito a través de los canales de comunicación y la identidad visual es más urgente que la entrega funcional de la infraestructura en Monterrey y el resto de los municipios del estado.
El descontento ciudadano ante el gasto de recursos de Samuel García
La reacción de la comunidad de Nuevo León ante la colocación de estos tótems naranjas refleja un hartazgo generalizado frente a las tácticas de comunicación que buscan disfrazar las carencias del estado. Para los habitantes que diariamente transitan por las zonas afectadas, el hecho de que se destine presupuesto público a la fabricación e instalación de estas figuras con forma de león en lugar de utilizarlos para la reconstrucción de pasos peatonales seguros representa una falta de respeto a las prioridades urbanas.
Diversas voces del ámbito civil han señalado que la fijación por la identidad visual emecista distrae la atención de los problemas más críticos que enfrenta el área metropolitana, como la crisis del transporte, el tráfico colapsado y la falta de inversión en servicios básicos. El reclamo es claro: la ciudadanía exige obras tangibles y funcionales que mejoren su calidad de vida, no monumentos publicitarios que busquen tapar los escombros de una gestión que se consume entre la mercadotecnia y los pendientes de una propaganda electoral permanente.
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